Ex gimnastas nacionales acusan agresiones físicas y psicológicas del entrenador Cristián Achondo

Una nueva polémica estalló este lunes en la gimnasia chilena, luego de que el diario La Tercera diera a conocer las acusaciones de ex gimnastas nacionales en contra del entrenador Cristian Achondo, un histórico formador de las representantes de esta disciplina.

Según informo el diario en una extensa nota, las acusaciones vienen desde hace varios años, pese a que solo ahora están saliendo a la luz.

Paula Carvajal, de 20 años, indicó que en los pasados Juegos Bolivarianos, instancia donde representó a Chile por primera vez. En esa oportunidad, la gimnasta nacional sufrió un bloqueo por pánico. Lo que se vio fue un abrazo de su entrenador, pero la gimnasta indicó que al oído le dijo las siguientes palabras: ““Cabra de mierda, estás gorda, por eso no haces los saltos”. A eso se sumó un pellizco en la barriga.

Tras el retorno a Santiago, Carvajal envió una carta a la Federación y dejó el equipo nacional. “La situación que viví la formalicé en una carta a la Federación y para mí es una etapa cerrada. Por eso hice formal mi denuncia, para que las autoridades tomaran las medidas pertinentes y detuvieran este tipo de abusos”, indicó al medio la gimnasta nacional.

“Para esta Federación este tema es muy importante y a la vez delicado; es por tal motivo que hemos sido muy respetuosos con los involucrados y por supuesto que hemos llevado a cabo los procedimientos definidos para estos casos. Actualmente está en las instancias que corresponden, por lo que se deben respetar sus tiempos y los procesos que se lleven a cabo”, fue la respuesta que llegó desde la Federación tras la consulta de La Tercera sobre el actual estado del caso.

Hoy, la causa se encuentra en el tribunal de arbitraje del Comité Olímpico de Chile, instancia en la cual solicitaron a Carvajal una nueva carta, pero la deportista decidió no continuar con el proceso.

Otra acusación proviene de Marcela Álvarez, gimnasta que comenzó su carrera el año 2001 en Viña del Mar, año en el cual se colocó bajo las órdenes de Achondo, algo de lo cual se arrepiente: “Cristian les dijo a mis papás que tenía que estar con él, salirme del colegio para entrenar todo el día. Que debía cambiarme a un colegio con exámenes libres. A mis papás les costó, pero acabaron convencidos”. Según Álvarez, Achondo convence a los apoderados y discípulos con el argumento que forma a las gimnastas capaces de realizar los más complejos ejercicios. “Ése es su fuerte. Lo que no se sabe es que lo logra con golpes, con amenazas, convenciendo a los papás de una realidad que no corresponde. Ahora, con 28 años, me doy cuenta, pero de niña para mí era normal”, añadió.

“Hubo una ocasión en que yo no podía hacer un ejercicio en la viga y me pellizcó y me pegó. Me gritó tanto, que me hice pipí del miedo. Me fui corriendo al baño y me persiguió hasta obligarme a salir. Tenía 13 años. Otra vez, me daba miedo hacer un ejercicio en la barra y me dejó colgada con unas amarras toda la mañana. Si me subía, él me bajaba de una pata. ‘¡Hazlo, hazlo!’, me gritaba. Eran comunes los palmazos en las piernas, en los pies… pellizcos y cosas así” indicó la ex gimnasta nacional.

“Creo que el maltrato sicológico me hizo más daño que un pellizco, o un palmazo en las piernas o los pies. Tuve que soportar que a mis papás les lavaran el cerebro, sentirme absolutamente sola. Dejé el colegio y no tenía amigos, pues toda mi vida era la gimnasia. Fueron ocho años de tortura y, ahora que soy grande, pienso en cómo aguanté tanto. También sufrí de algunos trastornos alimenticios, como la bulimia, o pesadillas, pero ya todo está superado”, aseguró Álvarez.

Katherin Soto, de 27 años, tampoco tiene buenos recuerdos de su paso como discípula de Achondo, en el gimnasio Andino que el entrenador poseía en Viña del Mar: ““Pasaron dos ocasiones en que me lesioné. Para él, cualquier caída o lesión daba lo mismo. Nos decía: cobardes, gallinas y mediocres. Recuerdo súper bien la última vez, porque en la mañana fuimos a una presentación en cemento y me comenzó un dolor en la muñeca derecha. En la tarde estaba en la viga, pero mal emocionalmente, porque me sentía estresada y más aún con el dolor… Hice el ejercicio y me caí, me apoyé con esa misma muñeca y me puse a llorar de dolor, pero él jamás me creyó. Fui al hospital y tenía fractura. Al otro día fuimos con las radiografías a verlo y no estaba. Lo llamamos, pero no llegó y jamás me creyó la lesión. Fue ahí cuando decidí no seguir. Además, en el hospital quisieron demandarlo por el abuso psicológico, pero no quise. Estuve un año entero con pesadillas”.

Felipe Hernández, uno de los pocos hombres que ha tenido a Achondo como entrenador, contó la siguiente situación que el observó cuando entrenaba en el Gimnasio Andino de Viña del Mar: “Cuando estuve en el Gimnasio Andino, en 2009, se daba besos con una niña [de iniciales C.L.], en los entrenamientos de la mañana, cuando no había nadie. Él teniendo 55 y la niña 15. Comenzó por darle masajes en las piernas cada mañana. Ella con short de gimnasia. Pero las manos subían demasiado y no era sólo por masaje. Luego ella ya no entrenaba mucho, porque se quedaba sentada en las piernas de Cristian mientras veía el Facebook en su oficina. Yo los veía mientras me entrenaba. Él tiene conocimiento de gimnasia, pero algo muy oscuro en su cabeza. Es un pervertido”.

Marcela Álvarez coincide en haber visto dichas prácticas entre Achondo y algunas de sus alumnas: “Había una niña [de iniciales K. A.], que decía que lo veía como a un padre. Estaban todo el día pegados. Veía como la masajeaba: la hacía acostarse boca abajo y faltaba poco para que le tocara sus partes íntimas. Ella con calzas cortas. Era muy fuerte presenciarlo. Por lo mismo yo evitaba cualquier contacto con él. Siempre me molestaba porque no lo saludaba de beso. Una vez me acerqué y me obligó a despedirme de beso. Lo hice y puso la lengua por debajo de su mejilla. Me hizo sentir muy incómoda y desde ese momento mantuve una distancia. Luego ocurrió lo mismo con otra niña [la misma que menciona Felipe], a quien la acompañaba a todos lados. Era un trato diferente, una relación muy bizarra, un te amo-te odio. Después vino otra y era lo mismo”, indicó.

Consultadas por La Tercera sobre estas acusaciones, las ex gimnastas de iniciales C.L. y K.A., hoy de 23 y 35 años, respectivamente, niegan los hechos indicados anteriormente.

Franchesca Santi, alumna de Achondo desde los 15 años y actual seleccionada nacional, defiende al entrenador: “Nunca nos ha tocado, ni golpeado. A lo más hay gritos, pero nunca malas palabras. En los Bolivarianos hubo que retar mucho a Paula porque no estaba conectada. Como que tenía una crisis de pánico ante la competencia, estaba bloqueada y entorpecía al equipo. Por eso es que Cristian la retaba. Pero nunca la pellizcó o trató mal, como dice en su carta. Si Cristian lo hubiera hecho, ella me hubiese dicho algo. Pero nunca me lo comentó. Cuando llegamos a Chile, nos enteramos de esta carta”.

El apoyo al entrenador nacional llega también a través de su hija y ex seleccionada, Bárbara Achondo: “Es demasiado comprometido con sus alumnos. Yo misma le he dicho que no debe ser tan así, crear tantos lazos, porque al final se presta para malos comentarios. Mi papá quizás pudo haber dado alguna palmada o algo así a una alumna, pero para ayudar en los ejercicios, algo normal que todos hacen. Su lenguaje siempre ha sido correcto, jamás ha tratado de mala manera a una alumna. Al menos, no lo he visto”.

LOS DESCARGOS DE ACHONDO

El entrenador nacional se defendió de las acusaciones realizadas por las ex gimnastas, a través de una entrevista realizada por La Tercera.

“La gimnasia es una caca. Es una chacra de gente malintencionada que trata de fregar a los entrenadores más exitosos. La gente es muy mala. De mí han enviado cartas anónimas al COCh buscando hacer daño y eliminarme. Llevo 35 años en la gimnasia y nunca había tenido un problema, nunca. La gimnasia es mala.”, comenzó indicando Achondo, de 65 años.

Sobre la denuncia de agresión en los Juegos Bolivarianos, entregada por Paula Carvajal, el entrenador indicó que “Tengo pruebas. Sí la reté, como tengo que hacerlo. Si estamos en un campeonato internacional representando al país, gastando mucha plata, tenía que hacerlo. Se portó muy mal, no quería entrenar, no me hacía caso, hizo un grupo en contra mía… Como que le dio un pánico escénico.”. Más adelante agregó que “Le dije que estaba representando al país. No puedes estar llorando y no subirte a los aparatos, porque retrasas el trabajo de los demás. Existen fotos en que estoy abrazado con Paula y después sale con la carta diciendo que la agredí. Nunca en mi vida he agredido a una gimnasta. Lo único que sí he hecho es exigir.”.

Achondo tuvo duras palabras para Marcela Álvarez, una de las acusadoras: “A Marcela la despedí de mi gimnasio. La llevé porque estaba mal anímicamente y la volví a retomar pese a que mi señora me dijo que no. Marcela es conflictiva, en el CAR la echaron por un montón de cosas. Trabajé diez años con ella. Después se vino a trabajar con Isabel Lazo y la hizo mierda; pasó por seis entrenadores. Está mentalmente enferma, por eso la eché.”.

Consultado sobre con Felipe Hernández, Achondo indicó que: “Se fue del gimnasio por una acusación que hizo su mamá en mi contra. Me enfrenté a su tío: me acusaron de abusar de una gimnasta. Convenció a su mamá para que me denunciara, por supuestamente estar abusando de ella. Yo entregué mi celular a la PDI y no encontraron nada. Le hizo muy mal a mi gimnasio. Su tío me vino a decir que yo era un mierda, un degenerado. Obvio que lo eché. Llamé a la policía, porque si no nos hubiésemos agarrado a combos.”.

Al ser consultado sobre las acusaciones de haber intimado con una menor, el entrenador responde que “Lo dice la justicia, los detectives, todos, como corresponde. Salí absuelto, libre de polvo y paja. Si fuese así, yo estaría preso. Él (se refiere a Felipe Hernández) se ponía celoso porque la ayudaba mucho y me preocupaba de ella. Él, como no tiene papá, veía una figura paterna en mí. Tenía un odio salvaje hacia esa niña; le escribía que la odiaba en su cuaderno y esa clase de cosas.”.

Consultado sobre si se considera un persona violenta, Achondo responde que “No. Mi trabajo me avala. Sí reacciono ante ataques. Es obvio que si alguien habla mal de mí, reaccionaré. Pero todo lo que te han dicho de mí estas personas es mentira. Nunca he sido castigado por la Federación, ni por nadie. Falta que digan que soy maricón. Hubo gente que incluso me acuso de ser pedófilo, aprovechándose de la situación con C.L. de forma anónima, enviando correos personales míos, hackeados, a gente de la Federación y el Comité Olímpico. Averigüé con los detectives y fue un entrenador.”.

Escrito por Daniel Arellano
Fuente: La Tercera
Foto:Sebastián Brogca / Gentileza La Tercera

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