Herencia de gloria

La gran actuación de Fernando González en los Juegos Olímpicos de Beijing confirmó al tenis como el deporte más exitoso de nuestra historia.La actual generación de tenistas es heredera de una larga tradición de grandes deportistas.

Vale la pena recordar a algunos, aún a riesgo de olvidar a muchos que con sus triunfos hicieron vibrar a los chilenos.

En 1937, Anita Lizana se convirtió en la primera latinoamericana en ganar un torneo del Grand Slam, en Forest Hill (hoy Abierto de Estados Unidos).

Luego, el gran Luis Ayala se convirtió en uno de los mejores jugadores del mundo y llegó a dos finales de Roland Garros, en 1958 y 1960.

Más tarde, en 1976, el equipo de Copa Davis encabezado por Patricio Cornejo y Jaime Fillol llegó a disputar la final ante Italia en el CourtCentral del Estadio Nacional.

En los ochenta fue Hans Gildemeister el más destacado de un grupo que también integraron Ricardo Acuña y Pedro Rebolledo. “El Biónico” no sólo llegóa ser un gran singlista, sino que también uno de los mejores doblistas de su época.

Todos conocemos la trayectoria brillante de Marcelo Ríos, llegó a ser número uno del mundo a fines de los 90 cuando en el circuito habían formidables competidores. Las lesiones le impidieron mantenerse más tiempo en lo más alto, pero siempre será recordado como uno de los jugadores más talentosos

La histórica actuación de Nicolás Massú y Fernando González en Atenas 2004 recién comienza a ser valorada en su real dimensión. En esos Juegos estuvieron los mejores del momento y los chilenos los vencieron en buena lid, con las armas de un gran tenis.

Con su medalla de plata, González se convierte en el deportista chileno más exitoso en Juegos Olímpicos. Hace cuatro años con la euforia del triunfo hubo muchas promesas, incluyendo la fallida nacionalización por gracia para Horacio de la Peña y una mejora en la infraestructura para la práctica del tenis (el Court Central sigue clamando por una modernización total y no una “manito de gato”).

Es la hora de celebrar y destacar a nuestros tenistas, pero también de trabajar con más energía en el fomento del tenis. Fernando González y Nicolás Massú no son eternos y lo preocupante es que no se ve en horizonte quién puede recibir esta herencia de gloria.

Por Cristián Castillo

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