Daniel Gouet abandona el Dakar por fallas mecánicas

Apenas 200 kilómetros. Apenas un puñado de kilómetros. Y se acaba la esperanza. Los fierros, los traicioneros fierros, pueden borrar de un plumazo un año de preparación, de esfuerzo, de entrenamiento, de abnegada faena orientada a completar una carrera como el Dakar, que desafía constantemente a los pilotos, y que los reta aún más cuando en la edición anterior algo ha hecho que no se pueda celebrar en la meta final de la carrera más dura del mundo. Por eso, la frustración de Daniel Gouët era evidente.

A la altura del kilómetro 200 de la especial entre Villa Carlos Paz y Termas de Río Hondo, el piloto Motorola-Suzuki notó que el motor de su RMZ 450 no quería más pelea. Cedía en el primer combate. Se negaba a entregar la potencia necesaria para seguir en ruta. Pese a que el penquista trató de reparar la falla, por más que desarmó y volvió a montar la planta motriz, no había caso. El diagnóstico era el peor posible: fundido. Nada más que hacer. O casi.

“Intenté que alguien me remolcara hasta el final de la especial, pero nadie quiso tirarme 250 kilómetros. El motor estaba roto y no había forma de seguir adelante, salvo que alguien me ayudara, pero no hubo caso”, confiesa con tono de fastidio el piloto que, el año pasado, también había visto frustrado su intento de terminar el Dakar tras el paso por el Salar de Uyuni. En esta ocasión, la desgracia mecánica vino antes. Mucho antes. Demasiado temprano.

“Sabíamos que nuestra moto está en desarrollo, y conscientes de ello fuimos conservadores con la puesta a punto, sobre todo del motor. La idea era rodar e ir subiendo sistemáticamente el ritmo en carrera, pero todo se vio trastocado tempranamente. Pese a los cuidados y las previsiones hechas, nos quedamos fuera cuando recién empezaba todo. Es muy duro el golpe, porque no se trata de un error del equipo o de manejo. Terminar así, cuando recién estábamos calentando, da mucha rabia”, comenta Gouët desde el campamento en la ciudad de la Provincia de Santiago del Estero.

“Ya el año pasado tuvimos que abandonar por un problema indeterminado después del paso por el salar, que con lluvia se volvió una verdadera trampa para todos los pilotos. Esta vez pretendíamos terminar, y la estrategia era cuidar y atacar muy selectivamente durante la segunda semana, con la esperanza de poder meternos entre los 15 o 20 primeros. Ahora, habrá que esperar otro año para tener una revancha”, concluye el piloto, quien afrontaba su sexta partición en el Dakar.

Gouët suma, con este abandono, su tercera deserción en la prueba. El más temprano en su historial en la carrera más dura del mundo, en la que nunca ha terminado más atrás del 15º lugar, en su debut en 2011. Luego, fue 12º y 8º, en 2013 y 2014, respectivamente. Resultados más que alentadores que se ven cortados por dos años seguidos de fallas mecánicas. Los fierros, los traicioneros fierros, le jugaron una mala pasada cuando la aventura recién comenzaba… La revancha vendrá recién en doce meses más.

Publicado por Daniel Arellano
Fuente y foto: Prensa Daniel Gouet