Escrito por José Antonio Lizana
El balonmano masculino chileno desde hace más de una década y media, ha gozado de una generación dorada con los nombres de Patricio Martínez, Emil y Erwin Feuchtmann, Marco Oneto, Rodrigo y Esteban Salinas entre otros.
Ellos han tejido gestas memorables con la “Roja”, alzándose con medallas en Juegos Suramericanos y en cuatro Juegos Panamericanos consecutivos —incluido Santiago 2023— y defendiendo la bandera en todos los mundiales desde 2011.
Esa generación, que abrió el camino con coraje y entrega, hoy transmite su experiencia a nuevas figuras como Joshua Mejías, Matías Paya y Aaron Codina.
Precisamente, bajo el seguimiento de Codina es donde emerge un nuevo estandarte, un niño que empieza a forjar su leyenda: Emilio Escudero Veloso, jugador del club “Ovalle Balonmano” de La Reina.
Tras el constante apoyo de sus entrenadores Valentina Squella y Felipe Sepúlveda, integró la Selección Chilena Sub-14, que obtuvo la medalla de bronce en el Campeonato Sudamericano de Paraguay, que finalizó el domingo pasado.
Su recorrido no fue casualidad ni azar, sino el fruto de un largo proceso. En diciembre pasado, Emilio ingresó al programa “Promesas Chile” del IND gracias a la gestión de la portera Claudia Álvarez, luego fue parte de la preselección y finalmente vistió con orgullo la camiseta de la “Roja”, en el mencionado torneo continental.
“Ha sido un camino de mucho esfuerzo desde que comencé en mi colegio en Peñalolén, gracias al apoyo de la profesora de Educación Física Daniela Carrasco”, confiesa Escudero.
En ese tránsito, los entrenadores Nicolás Hernández, José Sánchez y Sergio Peys son, en palabras del propio jugador, “mis referentes, porque nos apoyan y enseñan dentro y fuera de la cancha. Ellos nos hicieron creer en nosotros mismos y fortalecer nuestra autoestima. Nos dan consejos para mejorar. Ellos nos corrigen con respeto y siempre tratan de sacar el máximo de nuestro potencial”.
El espíritu de equipo fue clave. Emilio no duda en remarcarlo: “En la Selección se siente un compañerismo muy fuerte. Somos una familia. Jugar con la camiseta de Chile es un orgullo que no se puede describir”.
La campaña tuvo su cuota de gloria y aprendizaje. El bronce conseguido es una medalla de esperanza, la prueba de que hay una nueva generación dispuesta a continuar la senda épica del balonmano chileno. Aunque las caídas ante gigantes como Argentina y Brasil dejaron cicatrices, también sembraron enseñanza.
“Perder duele, pero nos mostró lo lejos que podemos llegar si seguimos trabajando. Ellos eran muy fuertes, muy físicos y estos tipos de rivales no los habíamos enfrentado. Yo sé que Chile puede competir de igual a igual con cualquiera, sólo es cuestión de tiempo”, afirma con convicción la joven promesa
A sus catorce años, Emilio Escudero ya carga en su espalda la responsabilidad y la ilusión de un futuro esplendoroso. La medalla obtenida en su primera expedición internacional es apenas el prólogo de una historia que recién comienza.
“Me sentí muy emocionado con este logro, porque esto es solo el inicio. Quiero que el balonmano chileno sea aún más grande y sé que vamos a lograrlo. Me gustaría seguir en un nivel de Selección y seguir representando a mi país”, comenta el joven deportista que el próximo año irá a la preselección de la categoría cadetes.
Así, entre la memoria de los gigantes que abrieron el camino y la esperanza de los que recién lo recorren, se escribe una nueva página en la historia del deporte nacional.
En Paraguay no solo se ganó un bronce, sino que se cosechó una nueva camada de talentos del glorioso balonmano nacional.
José Antonio Lizana es escritor, diplomado en periodismo deportivo, fundador del Colectivo de Escritores Deportivos Independientes y autor de los libros Ceacheí, Rayando la cancha, Mojando la camiseta, Pisando la pelota y Pelota en las redes sociales. En 2009 el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile le otorgó el premio “Aporte a la Literatura Deportiva”.
