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Columna de Opinión escrita por José Antonio Lizana
Hay una crisis profunda y estructural de cultura en nuestro país, y cuando se trata de deporte, la decadencia es todavía más evidente. No hablamos solo de resultados o de medallas, sino de algo mucho más básico: el acceso, la valoración y el respeto por lo que el deporte representa como bien público.
Por lo mismo, la serie entre Chile y Serbia por Copa Davis es un ejemplo clarísimo de esta descomposición. Un enfrentamiento correspondiente al Grupo Mundial, la máxima categoría del tenis por equipos, debería transmitirse obligatoriamente por televisión abierta. No es un lujo ni un capricho, es un derecho. Todos los compatriotas deberían poder ver gratuitamente estos partidos, porque esto es Copa Davis de primer nivel, no una serie menor de la Zona III Americana.
El tenis chileno, golpeado durante años por la desidia institucional, hoy tiene un proyecto que, guste o no, intenta devolverle identidad y carácter. El trabajo de Nicolás Massú como capitán del equipo nacional, merece todo el respaldo. Y ese apoyo no solo se expresa en las tribunas, sino también en la posibilidad de que el país entero pueda seguir al equipo desde sus casas, desde Arica a Punta Arenas. Sin visibilidad no hay pertenencia, y sin pertenencia no hay deporte que sobreviva.
Pero aquí aparece otro actor en crisis, la televisión estatal. Aquella que alguna vez entendió su rol público y se hacía cargo de transmitir los grandes eventos deportivos nacionales hoy parece en caída libre, desconectada de su misión y atrapada en una lógica irrelevante.
Antes, el deporte era parte del relato país, hoy es apenas un contenido descartable. Como dice el tango Cambalache, nada es igual, todo es peor.
A este escenario se suma un contexto político igual de preocupante. La ministra Natalia Duco inicia su gestión completamente cuestionada por la beca PRODDAR que recibió durante todo 2025 sin competir, situación que solo salió a la luz gracias a la presión ejercida por el periodista Juan Cristóbal Guarello en su programa «La hora de King Kong» en YouTube.
No hubo transparencia, no hubo explicaciones oportunas, no hubo autocrítica. Otra señal más de que el deporte se administra con liviandad y conveniencia.
La conclusión es triste, pero evidente. En este país nadie se la juega realmente por el deporte. Los políticos lo usan como moneda de cambio, como foto de campaña o como botín burocrático. Los medios lo transan al mejor postor y lo esconden cuando no es rentable. Y mientras tanto, el público queda fuera, mirando desde lejos lo que debería sentir como propio. Así somos. Así estamos.
José Antonio Lizana es escritor, diplomado en periodismo deportivo, fundador del Colectivo de Escritores Deportivos Independientes y autor de los libros Ceacheí, Rayando la cancha, Mojando la camiseta, Pisando la pelota y Pelota en las redes sociales. En 2009 el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile le otorgó el premio “Aporte a la Literatura Deportiva”.
Foto: Federación de Tenis de Chile
