Los haters: el triste rival de los tenistas chilenos

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Columna de opinión escrita por José Antonio Lizana

Los haters, odiadores u ociosos del tenis chileno no son simples opinantes deportivos, son una fauna digital que ha encontrado en el anonimato de las redes sociales o en la liviandad de su identidad, un refugio para la frustración y el resentimiento.

No analizan, no contextualizan y no aportan. Sólo se limitan a disparar juicios lapidarios desde la comodidad del teclado, creyéndose fiscales del rendimiento ajeno sin haber sostenido jamás una raqueta bajo presión real.

La principal víctima de estos ociosos ha sido Cristian Garín. Y no estamos hablando de cualquier jugador, estamos hablando del quinto chileno con más títulos ATP, del campeón de Roland Garros juvenil, del puente generacional entre la era gloriosa de Nicolás Massú y Fernando González y las nuevas camadas.

Garín cargó con el peso del recambio desde los dieciséis años, cuando muchos de sus actuales detractores ni siquiera sabían lo que implicaba competir en el circuito profesional. Ha sido protagonista de tres clasificaciones de Chile al Grupo Mundial de Copa Davis. Sin embargo, cada derrota suya es celebrada por esta minoría ruidosa como si el fracaso ajeno validara sus propias mediocridades.

Garín no merece la funa cobarde, infame y malintencionada de falsos opinólogos que jamás han entendido lo que significa sostener un proceso deportivo de alto rendimiento.

Nicolás Jarry tampoco se salva. Para los odiadores, cada caída confirma sus sentencias anticipadas. Lo que omiten convenientemente es que cuando Jarry ha estado en plenitud física y mental, ha competido de igual a igual y ha derrotado a miembros del top mundial. Hace dos años, venció a Alcaraz en el Abierto de Buenos Aires.

Asimismo, se trata de un medallista sudamericano y panamericano, un jugador que ha sabido reinventarse tras momentos difíciles y volver al circuito con carácter. Pero el hater no reconoce procesos, no entiende contextos ni respeta trayectorias. Su lógica es binaria, o eres campeón cada semana o eres un fracaso. Una visión infantil y profundamente ignorante del deporte profesional.

Alejandro Tabilo vive el mismo patrón. Ha evolucionado hasta alcanzar su mejor nivel, derrotando incluso a Novak Djokovic, algo que muy pocos pueden decir. Ese logro, que en cualquier país con cultura deportiva madura sería motivo de orgullo sostenido, aquí parece tener fecha de vencimiento.

Basta una derrota para que reaparezcan los “entrenadores de sofá”, expertos autoproclamados que analizan partidos con la misma liviandad con la que opinan de política o economía. Se trata de una masa digital que escribe desde perfiles falsos, amparada en el anonimato, proyectando en cada comentario venenoso las frustraciones de lo que no pudieron ser.

El problema de fondo no es la crítica. La crítica informada y argumentada es necesaria y saludable. El problema es la descalificación permanente, la burla fácil, la sospecha constante, el ensañamiento personal. Es el deporte entendido como circo romano, donde el público exige sangre cuando el gladiador tropieza.

El tenis chileno ha sobrevivido a transiciones generacionales complejas y a la presión histórica de compararse siempre con la “generación dorada”. Aun así, sigue produciendo algunos jugadores competitivos a nivel mundial. Lo mínimo que merecen es respeto. Porque mientras ellos entrenan, viajan y compiten representando al país, los haters siguen exactamente donde mismo, frente a una pantalla, opinando sin consecuencias.

Criticar es legítimo. Destruir por deporte, no. Y quizás el verdadero desafío cultural del tenis chileno no esté en la cancha, sino en erradicar esa mezquindad crónica que confunde exigencia con odio y análisis con resentimiento.

José Antonio Lizana es escritor, diplomado en periodismo deportivo, fundador del Colectivo de Escritores Deportivos Independientes y autor de los libros Ceacheí, Rayando la cancha, Mojando la camiseta, Pisando la pelota y Pelota en las redes sociales. En 2009 el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile le otorgó el premio “Aporte a la Literatura Deportiva”.

Foto: Archivo Chile Open

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