El patinaje artístico sobre hielo es una disciplina poco masiva en nuestro país, el cual no cuenta con hoy con una infrestructura que permita proyectar este deporte al nivel de potencias como Canadá.
Sin embargo, sus exponentes no bajan los brazos y siguen luchando por el desarrollo de la disciplina en Chile y que nuestra bandera tenga presencia en los torneos internacionales.
Con solo 17 años, María Ignacia Castro se ha transformado en la única representante nacional activa en el ámbito internacional, siendo quien lleva, por ahora, el nombre de nuestro país por el mundo.
María Ignacia marcó un hito para el deporte chileno al convertirse en la primera representante nacional que compitió en un Junior Grand Prix, específicamente en la competencia que se realizó en Polonia entre el 1 y el 4 de octubre y que forma parte del calendario de la Unión Internacional de Patinaje sobre hielo (ISU, por sus siglas en inglés).
En esta entrevista, María Ignacia cuenta más detalles sobre su participación, una que estuvo en duda debido a una grave lesión y que no le permitió competir en el máximo de sus capacidades, al punto que debió retirarse tras disputar el programa corto. También cuenta más detalles sobre esta disciplina y de como se las ha arreglado para llevar adelante su carrera pese a las dificultades.
Cuéntame como fue esta experiencia de participar por primera vez en un Junior Grand Prix: como clasificaste, cuales fueron tus sensaciones, como te sentiste en la pista.
Participar por primera vez en un Junior Grand Prix fue una experiencia que marcó mi vida.
Este evento reúne a las mejores patinadoras de cada país, y cuando la Federación Chilena de Patinaje Artístico sobre Hielo me designó para representar a Chile, sentí una mezcla de emoción, orgullo y mucha responsabilidad.
Somos un país pequeño dentro de este mundo tan competitivo, donde naciones como Rusia, Japón o Estados Unidos cuentan con grandes apoyos, becas y estructuras deportivas muy desarrolladas. En Chile, en cambio, somos pocos los que podemos dedicarnos de lleno al patinaje artístico, por eso este llamado significó un desafío enorme.
Cuando supe la noticia, me propuse dar lo mejor de mí y prepararme a fondo. Viajé a Canadá durante tres meses para entrenar intensamente; fueron días largos, de sacrificios y de decisiones difíciles: dejé vacaciones familiares, una boda importante y momentos personales, todo por mi sueño. Además, fue una experiencia de crecimiento: viajar sola, enfrentarme a otro idioma, y adaptarme a una nueva rutina me enseñó mucho sobre mi fortaleza y determinación.
Pero el camino no fue fácil. A solo quince días del viaje a Polonia sufrí un desgarro grave, grado 3. En ese momento sentí que todo mi esfuerzo se venía abajo. Mi equipo médico me recomendó no viajar, pero dentro de mí sabía que no podía rendirme. Me sometí a terapias diarias, fisioterapia intensiva y cámara hiperbárica, con el objetivo de llegar. Gracias a eso, la lesión bajó a grado 2 y logré subirme al avión, aun sabiendo que no estaría al 100 %.
Una vez en Polonia, todo valió la pena. La organización fue impecable, la pista era de primer nivel y estar rodeada de los mejores entrenadores y atletas del mundo fue inspirador. Pero lo que más me marcó fue ver la bandera chilena colgada entre las de todas las potencias del patinaje. En ese instante sentí que todo sacrificio tenía sentido
Y cuando llegó mi turno de competir, escuché a mi mamá gritar desde las gradas: “¡Vamos, María Ignacia, vamos Chile!” con la bandera de Chile en sus manos, transmitia esa emocion que incluso los comentaristas recalcaron en la transmicion. Ese momento lo guardaré para siempre. Sentí orgullo, emoción y una gratitud inmensa. Fue un sueño hecho realidad, una experiencia que repetiría mil veces más.
¿Quedaste conforme con tu actuación, más allá del resultado?
Sí, absolutamente. Aunque sé que no fue mi mejor competencia, me siento conforme con lo que hice porque, sinceramente, creo que muy pocas personas hubieran tenido la decisión de pisar el hielo en esas condiciones, sabiendo que el mundo te está mirando y que físicamente no estás al cien por ciento.
Yo lo hice igual. Traté de saltar, de girar, de cumplir mi programa, y sobre todo, de honrar la oportunidad de representar a Chile. No fue la presentación perfecta, pero sí fue una muestra de fortaleza, determinación y amor profundo por lo que hago.
Más allá del resultado, para mí fue una experiencia de aprendizaje enorme. Entendí cómo funciona un Junior Grand Prix desde dentro, observé, aprendí y me nutrí de los mejores. Y eso, al final, fue una verdadera victoria personal.
Además, estar allí y escuchar comentarios como “¿Chile? ¡Nunca habíamos visto la bandera de Chile en una competencia internacional!” fue emocionante y muy especial. Varios atletas y coaches se me acercaron para felicitarme, sorprendidos de que, con solo cuatro años de carrera, ya estuviera viviendo una experiencia de este nivel. Eso me llenó de orgullo, porque no solo estaba compitiendo, sino abriendo camino para mi país en este deporte.
Ahora sé exactamente qué debo mejorar y cómo prepararme mejor, tanto física como mentalmente. Si la Federación me vuelve a dar la oportunidad de representar a Chile, volveré más fuerte, más preparada y con más experiencia, para seguir dejando a nuestro país en lo más alto.
Esta presentación fue compleja, considerando que tuviste una lesión previa. ¿Cómo se dio esta lesión, cuál es el estado actual y cuánto tiempo estarás sin poder competir?
La lesión ocurrió mientras estaba entrenando en Canadá. En ese momento, estaba trabajando con coaches olímpicos, y la exigencia era altísima. Yo sabía que no podía darme el lujo de mostrar debilidad ni de parecer que no quería estar allí, así que mi enfoque y concentración eran totales. Si me pedían hacer un salto 20 veces, yo lo hacía 30 veces.
Con esa mentalidad de empuje constante, no me di cuenta del daño que se estaba produciendo en mi cuerpo. Fue mi mamá quien, al verme cojear, me llevó al fisioterapeuta. Apenas me evaluaron, notaron que algo no estaba bien, y una resonancia confirmó lo impensado: un desgarro muscular de grado 3, prácticamente al borde de necesitar cirugía.
Recuerdo que los médicos me preguntaron cómo era posible que no estuviera con dolor insoportable. Yo solo respondí: “Sí duele, pero no puedo parar.” En ese momento, mi mundo se vino abajo. Me prohibieron absolutamente todo: ni caminar, ni hacer abdominales, ni mucho menos patinar. Era difícil de aceptar, sabiendo lo que se venía
Aun así, me enfoqué en recuperarme. Me sometí a terapias intensivas todos los días, cámara hiperbárica (que amé porque sentí que ayudó muchísimo), fisioterapia constante, además de una nutrición y suplementación muy estrictas —colágeno, zinc, glutamina, glucosamina, multivitamínicos, entre otros. También recurrí a técnicas de relajación y meditación, porque entendí que la mente también sana el cuerpo.
Gracias a todo eso, en solo 15 días mi lesión mejoró notablemente, bajando a un desgarro grado 2 mientras que el glúteo derecho solo conserva una contractura leve con un pequeño edema. Aun así, sigo en fase de recuperación y mi equipo médico me indicó dos meses sin pisar el hielo.
Tenía dos competencias importantes programadas —un Latinoamericano a fines de octubre y un Open en Ciudad de México a fines de noviembre —, pero tuve que ser darme de baja para priorizar mi salud. Si todo evoluciona bien, espero volver al hielo en diciembre, ya en Chile, bajo la supervisión de mi equipo técnico.
Ha sido un proceso difícil, pero también me ha enseñado el verdadero significado de la paciencia, la fortaleza y el amor por lo que hago.
¿Cómo tomas esta responsabilidad de abrir espacios para otras patinadoras chilenas, considerando que eres la primera nacional en competir en un Junior Grand Prix?
Lo tomo con mucha satisfacción y orgullo. Ser la primera patinadora chilena en un Junior Grand Prix significa muchísimo para mí, pero también representa una gran responsabilidad. No solo estoy compitiendo por mí, sino por todas las niñas que sueñan con llegar lejos en este deporte, y que quizás hoy no saben que en Chile sí existe el patinaje sobre hielo y que sí es posible llegar a instancias internacionales.
Lamentablemente, hoy soy la única representante chilena activa a nivel internacional, y justamente por eso sentí que no podía darme de baja, incluso estando lesionada. Si yo no iba, Chile no tendría lugares en sus proximas temporadas. Esa idea me dio la fuerza para seguir adelante, porque entendí que es fundamental que nuestro país se mantenga presente en estas competencias, que se vea que Chile está creciendo, que hay talento y pasión en el sur del mundo.
Por eso me encantaría que más atletas chilenas se sumen al patinaje, que se atrevan, que crean en su potencial. No importa si los caminos son difíciles o si los recursos son limitados: cuando hay amor, disciplina y fe, los sueños se cumplen.
Sé que, sin buscarlo, he asumido una gran responsabilidad, pero me gusta. Me motiva a seguir mejorando, a regresar más fuerte y con un nivel aún más alto. Hoy tengo más hambre de superación que nunca, y si gracias a esto una niña chilena ve mi bandera en la pista y piensa “yo también quiero estar ahí”, entonces todo habrá valido la pena.
Volvamos un poco a tus inicios. ¿Cómo fue que llegaste al patinaje artístico sobre hielo? ¿Fue tu primer deporte o antes habías practicado otras disciplinas?
La verdad es que en mi familia nadie viene del deporte. Mi mamá no es nada deportista, y mi papá solo sale a andar en bicicleta de vez en cuando, como hobby. Pero mi mamá siempre pensó que era importante que hiciéramos algún deporte además de estudiar, cualquiera, el que quisiéramos, con tal de mantenernos activos.
Así fue como, desde los 3 años, me puso en ballet, luego pasé a natación, y un día, por casualidad, pasamos por un callejón y vimos a unas niñas patinando en ruedas. Nos quedamos las dos mirando, fascinadas: su ropa, la música, los movimientos… era como ver ballet, ¡pero sobre ruedas! Preguntamos, me inscribí, y así comenzó todo.
Tenía 10 años, que es una edad algo tardía para empezar, porque la mayoría comienza a los 5. Pero eso me motivó aún más: quería alcanzar a las niñas de mi edad, así que le pedí a mi mamá clases particulares para poder nivelarme rápido. No quería quedarme atrás, y con mucha disciplina logré avanzar al punto de competir con ellas. En mi último año en Argentina terminé siendo tricampeona nacional (Campeona en Danza sobre ruedas, Campeona en Libre (free) y Campeona en Figuras Obligatorias) y, además, subcampeona sudamericana en Brasil.
Cuando llegué a México quise seguir patinando, pero descubrí que el patinaje en ruedas no era olímpico y prácticamente no existía aquí. Me dijeron que solo había patinaje sobre hielo, y pensé: “bueno, debe ser parecido”. ¡Pero no! Jajaja. La primera vez que me puse los patines de hielo, ni siquiera podía caminar. La sensación era completamente distinta, sentía que me caía para todos lados, me tuve que agarrar de la barda del miedo.
Mientras tanto, veía pasar a niñas pequeñas volando sobre el hielo, haciendo giros y saltos, y yo pensaba “¡no puede ser!”. Pero en lugar de rendirme, volví a pedir clases particulares, para poder nivelarme otra vez. Y así comencé a entrenar cada vez más horas, hasta llegar a entrenar nueve horas al día. Todos se sorprendían, pero yo tenía claro mi objetivo: alcanzar el nivel de las patinadoras de mi edad.
Hoy, gracias a esa disciplina y constancia, he logrado ganar dos Patines de oro, estar en podios nacionales y convertirme en la primera chilena en competir en un Junior Grand Prix.
Aún no estoy en el nivel internacional que quiero —mi meta es alcanzar los saltos triples en mis programas—, pero estoy segura de que el esfuerzo, la disciplina y la pasión son la clave. Por eso creo que me reconocen tanto en México, Canadá y como en Estados Unidos: porque en poco tiempo he llegado tan lejos, saben que mi progreso es fruto del trabajo duro y de nunca rendirme.
Para la gente que no conoce mucho el patinaje artístico sobre hielo: ¿Cuánto dura una rutina? ¿Cómo se elige la música, la coreografía y qué permite lograr una buena puntuación?
Cuando uno recién comienza en el patinaje artístico, se parte con un solo programa que dura alrededor de 1 minuto con 20 segundos. A medida que vas avanzando, debes rendir exámenes de nivel frente a jueces certificados, quienes evalúan si estás lista para pasar al siguiente nivel. Así, vas escalando poco a poco hasta llegar a las categorías más altas, como la que yo compito actualmente.
En mi caso, las rutinas son dos:
- El Programa Corto, que dura 2 minutos con 50 segundos,
- El Programa Largo o Libre, que dura 3 minutos con 40 segundos
En el programa corto, todas las patinadoras deben realizar los mismos elementos obligatorios, como ciertos tipos de saltos, giros y pasos. En cambio, el programa largo te da más libertad: puedes incluir más elementos, combinaciones y saltos de mayor dificultad.
La puntuación final se obtiene combinando los resultados del corto y del largo, y depende tanto de la técnica (saltos, giros, secuenacias de pasos) como de la interpretación artística (expresión, musicalidad, conexión con el público) y los jueces evaluan todo, como despegas, como caes, como patinas, etc. Cualquier tipo de caida tiene punto de descuento.
Por ejemplo, mi rutina tiene siete saltos, entre ellos combinaciones y saltos dobles, además de giros con cambios de posición. Todo eso suma puntos según su nivel de dificultad y ejecución.
La elección de la música también es muy estratégica. En general, se busca que el programa corto sea más enérgico y explosivo, mientras que el programa largo suele tener un ritmo más pausado y emocional, porque hay que sostener el rendimiento durante más tiempo y mostrar una historia.
Yo escojo mi música junto con mi Head Coach, y luego mi coreógrafo, en este caso el canadiense Myke Gilman, crea toda la coreografía en función de la música, mi estilo y mi personalidad. Cada movimiento tiene un propósito y está calculado para transmitir una emoción o acentuar un ritmo.
Finalmente, los vestuarios también son parte del arte. Los míos los diseña Anna Evsikova, una diseñadora rusa especializada en patinaje. Ella adapta el diseño a la música, mis movimientos y mi tipo de cuerpo. Incluso detalles como la cantidad de piedras o el peso del traje son importantes: por ejemplo, una vez un vestido tenía 6,000 piedras Swarovski, lo que aumentaba casi 2 kilos de peso y afectaba mis saltos. Desde entonces, todo se planifica con precisión, desde la música hasta el último brillo del vestuario y evitando que pese mucho. Todo es pensado nada es al azar.
¿Qué tan caro es poder practicar el patinaje artístico sobre hielo? ¿Cuánto debes gastar mensualmente en temas como patines, vestuario, entre otros?
Es un deporte muy costoso. Sin duda, el patinaje sobre ruedas no se compara en gastos con el patinaje sobre hielo.
Hay costos importantes, por ejemplo, los patines profesionales tienen una vida útil de alrededor de seis meses, porque las botas y las cuchillas se desgastan con la intensidad del entrenamiento diario, la bota y la cuchilla cuestan aproximadamente $1.500.000 pesos chilenos individual, o sea unos tres millones la bota y la cuchilla completa.
Cada vestido de competencia tiene un valor similar, $1.500.000 o más, dependiendo de los detalles y de la cantidad de piedras que lleve. Estos trajes duran una temporada y, si repites programa, ya es un alivio económico porque no debes invertir nuevamente en música ni coreografía, las cuales también tienen su costo aparte por la edición y el montaje.
A eso hay que sumar los costos de entrenamiento en el extranjero, porque en Chile aún no tenemos la infraestructura necesaria para prepararnos a nivel internacional.
Cuando viajo a Canadá, por ejemplo, debo cubrir alojamiento, transporte, alimentación, hielo, clases de ballet, acondicionamiento físico, y sobre todo, las horas con coaches olímpicos, que son muy valiosas porque elevan tu nivel técnico y competitivo, además del pago a mi Head Coach.
Los coaches olímpicos, cobran cerca de $50.000 pesos chilenos por hora. Entreno entre 4 a 5 horas diarias, además de otras actividades complementarias. Si sumas todo, es realmente un número muy alto al mes.
¿De qué manera financias tu carrera deportiva, considerando que en Chile no es un deporte masivo ni de gran cobertura mediática?
He tocado muchas puertas, pero lamentablemente aún no he recibido el apoyo que me gustaría.
Hoy, mi carrera la financia completamente mi familia, principalmente mi papá, y eso me genera sentimientos encontrados. Por un lado, me siento muy agradecida por el esfuerzo que hacen por mí; pero por otro, me duele saber que han tenido que renunciar a muchas cosas —vacaciones familiares, pequeños gustos, incluso ahorros— para que yo pueda seguir persiguiendo este sueño. Muchas veces he llorado en silencio por sentir esa presión y esa impotencia de no poder aliviar esa carga.
Por ejemplo, cuando entreno en Canadá, he visto cómo Donovan Carrillo es apoyado por la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE), que le otorga mensualmente una suma importante para poder dedicarse al 100% a su deporte.
Ojalá yo tuviese esa posibilidad de parte de mi país, porque sería un apoyo fundamental no solo para el aspecto económico, sino también para el emocional, ya que sentir que el país confía en tu talento te da aún más fuerza y motivación.
A pesar de todo, no me rindo. Sigo trabajando con la esperanza de que, con visibilidad, más personas, empresas o instituciones se interesen en ayudar a deportistas como yo, que entregamos el alma por representar a Chile con orgullo.
¿Actualmente tienes algún equipo de trabajo que te asesore en temas como nutrición, psicología, por nombrar algunos?
Sí, he ido armando mi equipo prácticamente sola, buscando las mejores opciones cerca de mi casa y adaptándome a mis necesidades. Por ejemplo, llevo casi dos años con un grupo de fisioterapeutas que me conocen muy bien, saben mi umbral de dolor y me obligan a parar cuando es necesario, pero también me ayudan a acelerar la rehabilitación cuando debo llegar lista a una competencia importante, como ocurrió antes de Polonia.
Mi coach de acondicionamiento entrena conmigo en mi casa, donde también puede invitar a más atletas a entrenar. Esto me permite combinar entrenamientos personalizados con el de otras niñas, y facilita mis horarios, ya que entreno hasta tarde.
Mi Head Coach me guía tanto sobre el hielo como fuera de él, tambien participo en una academia de ballet para complementar mis movimientos y fortalecer la expresión artística. Además, cuento con un coach de stretching que viene a mi casa y comparte sesiones con otras patinadoras, lo que ayuda a reducir costos sin perder calidad.
En cuanto a la nutrición, trabajo con una especialista que diseña mis comidas según los horarios de entrenamiento y clases, para asegurar que tenga la energía suficiente para rendir hasta las 21:00 horas, y con planes que incluyen desde desayunos hasta cenas pensadas al detalle.
También tengo una psicóloga que me acompaña en la parte emocional, aunque me gustaría encontrar una especialista deportiva chilena, que entienda lo que significa representar a nuestro país en el extranjero y lidiar con la presión de ser pionera en este deporte. Incluso cuento con alguien que me ayuda a alinear mis chacras y manejar el estrés cuando siento bloqueos en los saltos.
Aunque no tengo un equipo institucional grande detrás, con creatividad, esfuerzo y la ayuda de profesionales comprometidos, he logrado construir un equipo técnico sólido que me acompaña desde mis inicios, hace casi tres años, y que me permite entrenar de manera integral: física, técnica, nutricional y emocionalmente.
¿Qué metas te has propuesto para tu carrera deportiva? ¿Te gustaría llegar a los Juegos Olímpicos de Invierno?
Tengo metas a corto y largo plazo. A corto plazo, sin duda me encantaría que la Federación me designara nuevamente para representar a Chile en el Junior Grand Prix 2026, para seguir ganando experiencia internacional y elevando mi nivel.
A largo plazo, mi sueño es clasificar a mundiales y, eventualmente, a los Juegos Olímpicos de Invierno, para llevar nuestra bandera chilena al escenario más grande del patinaje artístico.
Por eso, también me gustaría contar con un apoyo que me permita continuar, en caso de que mi papá no pueda seguir costeando todos los gastos, y así poder seguir luchando por este sueño con total dedicación y compromiso.
¿Qué sigue ahora en tu calendario deportivo?
En este momento mi calendario no incluye competencias, debido a mi desgarro.
Después de regresar de Polonia, tenía varios compromisos: un Regional en Monterrey, un Open en Puebla reconocido por la ISU, un Latinoamericano en Mérida a fines de octubre y otro Open en Ciudad de México a fines de noviembre. Lamentablemente, por mi lesión, me dieron de baja de todas esas competencias.
Hoy, mi enfoque principal es recuperar mi cuerpo, fortalecer mi salud física y mental, y pasar tiempo con mi familia, a quienes había visto muy poco durante mi preparación.
A fines de este mes viajaré a Chile para continuar con mi terapia de rehabilitación y evaluar si puedo entrenar en algun lugar que me reciba, de manera que pueda mantener mi nivel de entrenamiento sin generar costos elevados adicionales.
¿Qué mensaje le darías a quienes estén interesados en practicar el patinaje artístico sobre hielo?
Si te interesa el patinaje artístico sobre hielo, quiero decirte que no hay límites para lo que puedas lograr. Este deporte combina disciplina, arte y esfuerzo constante, pero sobre todo te enseña a creer en ti mismo. Al principio puede ser difícil: puede que te caigas, que te frustres o que pienses que esto no es lo tuyo. Pero cada caída es una oportunidad para levantarte más fuerte.
El patinaje te enseña resiliencia, perseverancia y confianza, valores que no solo sirven en el hielo, sino en la vida. No importa de dónde vengas ni los recursos que tengas; si realmente quieres lograrlo y estás dispuesto a trabajar con pasión, los sueños se pueden cumplir.
Mi consejo es: atrévete a soñar en grande, trabaja duro, y no tengas miedo de salir de tu zona de confort. Cada esfuerzo vale la pena y cada logro, por pequeño que parezca, te acerca a tu meta. Y recuerda: cuando lleves tu bandera, tu esfuerzo y tu corazón al hielo, estarás representando no solo tu pasión, sino también tu país.
El patinaje artístico sobre hielo puede transformar tu vida. Solo da el primer paso y déjate llevar por la magia del hielo
Entrevista realizada por Daniel Arellano
Foto: Wilma Alberti / Cedida por la entrevistada
