Nada es imposble para el Nico Massú: Chile a la segunda ronda del Grupo Mundial

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Columna de opinión escrita por José Antonio Lizana

Quisiera ver a Nicolás Massú para siempre como capitán de Copa Davis. Quiero que siga eternamente alentando a sus pupilos desde el borde de la cancha y celebrando cada punto como si él estuviera jugando.

Y esa impronta ya se hizo una marca registrada, porque en los doce años como capitán, ha disputado doce series de local y ha ganado las doce. Una campaña perfecta, para esperar al equipo de España en septiembre y soñar con derribarlo.

Aunque algunos se tapen los oídos con mis palabras, lo repito una y mil veces: Chile le debe una estatua a este gladiador de la raqueta, porque nadie, absolutamente nadie, ha sentido la camiseta tanto como él y esa pasión desbordante, esa fe sin límites, esa entrega que arde en su pecho, se la ha traspasado a cada uno de sus pupilos en la Copa Davis.

Díganme ustedes: ¿qué otro técnico habría logrado todo esto? ¿Quién, sino Massú, pudo sacar a Chile desde las sombras de la cuarta división y llevarlo con paso firme tres veces hasta el imponente Grupo Mundial?.

El Nico cómo deportista nos regaló el momento más culminante de la historia del deporte chileno y como entrenador sigue escribiendo su leyenda.

Se acuerda cuando Cristián Garín selló la serie ante Austria, ahí estaba él, lanzándose sobre su jugador como un hermano mayor que comparte la gloria; cuando Jarry derrotó a Perú, nuevamente Massú se abalanzó, con el fuego en los ojos, con la emoción a flor de piel, también lo hizo tras el cierre del dobles de Tomás Barrios y Matías Soto ante Luxemburgo y ahora, al final la serie ante Serbia, lo primero que hizo, fue pararse y abrazar a Cristián Garín, diciéndole: Esto es para ti, como un pequeño gesto, tras la muerte del padre del «Tanque » hace algunos días.

Y por eso que nadie lo mueva, que nadie se atreva a despojarlo de su sitial. ¡Massú debe ser capitán vitalicio del equipo chileno de Copa Davis! Su lugar está allí, en el banquillo, como centinela y guía de nuestra bandera.

Recordemos, compatriotas, aquel histórico 18 de septiembre de 2009, cuando nos gritó a todos que nada era imposible, ¡ni una hueá! Y lo demostró con sudor, con coraje, con esa fe ciega que mueve montañas.

Y tal como lo dijo con emoción y con lágrimas, Fernando Solabarrieta en aquel relato épico de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004: «Generaciones tras generaciones, recordarán lo que hicieron el Nico y el Feña. Fin de historias de derrotas, fin de segundos lugares, somos campeones olímpicos, somos medalla de oro«.

Gracias, Nico Massú, por tanto. Perdón, por tan poco. Porque a veces no sabemos lo que tenemos ni lo que somos. Pero mientras tú estés ahí, recordándonos que el límite no existe, Chile tendrá un héroe vivo, un capitán eterno.

José Antonio Lizana es escritor, diplomado en periodismo deportivo, fundador del Colectivo de Escritores Deportivos Independientes y autor de los libros Ceacheí, Rayando la cancha, Mojando la camiseta, Pisando la pelota y Pelota en las redes sociales. En 2009 el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile le otorgó el premio “Aporte a la Literatura Deportiva”.

Foto: Jonnathan Oyarzún / Photosport

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