Por José Antonio Lizana
Trece años invictos en casa con Nicolás Massú como capitán del equipo chileno de Copa Davis. Trece años. Trece partidos. Una cifra que por sí sola, parece pertenecer más a la leyenda que a las estadísticas.
Como dice el entrenador español del PSG Luis Enrique: “Hoy perdimos, no hay drama, no pasa nada y la vida sigue. Si perdemos no hay problema, porque soy el mejor”.
Nosotros tenemos al mejor de todos los tiempos, al Nico Massú. Por eso también hay que saber leer esta derrota ante España. Algún día se iba a romper esa enorme racha como local. Y se rompió frente al último finalista de la Copa Davis. ¿Increíble? Sí. ¿Doloroso? También. Pero una derrota no borra trece años de construcción, liderazgo, decisiones y convicción.
Massú tiene una manera de entender el tenis y sobre todo, de entender a los jugadores. Su dimensión no se mide únicamente cuando Chile gana, también se revela cuando toca perder.
Las páginas deportivas mostraron a los pseudohinchas saliendo molestos del Court Central del Estadio Nacional. Pero un proceso como el de Massú no se puede evaluar con el razonamiento de los cabezas de anafre. El deporte de alto rendimiento exige perspectiva. Y trece años de trabajo no pueden quedar reducidos al resultado de una jornada.
La derrota ante España, último finalista de la Copa Davis, seguramente exigirá revisar, analizar y profundizar los futuros planteamientos del equipo chileno. Y ahí precisamente aparece otra de las virtudes de Massú, la capacidad de tomar decisiones, asumir responsabilidades y volver a construir después de cada golpe.
Los grandes entrenadores no son aquellos que nunca pierden. Son aquellos capaces de transformar una derrota en combustible para el próximo desafío. Y en esa materia, Massú ha demostrado una y otra vez que pertenece a otra categoría. Su manera de enfrentar el deporte es a estas alturas mística y un ejemplo a seguir para la vida: caer, levantarse, mirar hacia adelante y volver a creer. El mismo espíritu olímpico que lo convirtió en campeón y que ahora transmite desde el otro lado de la cancha.
“Yo soy muy feliz apoyando y ayudando al tenis chileno y lo voy a seguir haciendo siempre, porque a mí me ha entregado mucho. Mañana hay que levantarse con firmeza, con convicción, con ganas. Ustedes ya me conocen, mañana seguiré creyendo en el equipo, sigo confiando en mis jugadores y sigo confiando en mí. Mientras esté metido en esto, sigo siendo una persona que tiene claro lo que quiere y que todos los días se levanta empujando y creyendo. Los que estamos dedicados a este deporte nos gusta la presión, nos gusta tomar decisiones, nos gusta estar en el día a día. Es bueno también que la derrota te duela, quiere decir que te importa. Así es la vida y creo que para cualquier cosa que uno quiera lograr hay que ser perseverante, y eso yo lo aprendí de chico”.
No hay otro igual. Massú mira el horizonte, mientras algunos se quedan atrapados en una derrota, él ya está pensando en la próxima batalla. Los que no entienden de deportes, reaccionan a la temperatura del momento, exigen respuestas inmediatas, pero nuestro gran capitán entiende que los procesos se construyen con decisiones, convicción, trabajo y tiempo.
Nicolás Massú no necesita que una derrota lo defina. Su historia ya está escrita con victorias, decisiones, carácter y una capacidad inagotable para volver a levantarse. Sí, perdimos inapelablemente, pero nos dirige un líder que sabe que el partido termina, pero la batalla continúa.
José Antonio Lizana es escritor, diplomado en periodismo deportivo, fundador del Colectivo de Escritores Deportivos Independientes y autor de los libros Ceacheí, Rayando la cancha, Mojando la camiseta, Pisando la pelota y Pelota en las redes sociales. En 2009 el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile le otorgó el premio “Aporte a la Literatura Deportiva”.
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Foto: Jonnathan Oyarzún / Photosport
