Columna de Opinión
Por José Antonio Lizana
La clasificación de la Selección Chilena Femenina de hockey césped al Mundial, es un hito que se debería ir a celebrar a la Plaza Italia. Asimismo, los segmentos deportivos de los canales también deberían repetir la imagen de la jugadoras nacionales, exultantes, abrazadas y llorando de emoción.
Las mujeres, otra vez, dándonos grandes triunfos, tal como lo hicieron Anita Lizana, Marlene Ahrens, Ismenia Pauchard, Kristel Köbrich, Las Marcianitas, Pancha Mardones, Katherinne Wollermann, Francisca Crovetto y tantas, tantas otras grandes deportistas que han empujado las fronteras del deporte chileno cuando parecía que no había espacio para ellas. Cada una, en su tiempo, abrió una puerta que hoy otras atraviesan con paso firme.
Todos sabemos que los grandes logros no se improvisan. No nacen de la casualidad ni de un golpe de suerte. Se planifican, se construyen y se sostienen con paciencia y visión
Desde hace un tiempo existe una verdadera mancomunión entre la federación, el cuerpo técnico y las jugadoras. Un trabajo silencioso que primero dio frutos en torneos sudamericanos, luego en competencias panamericanas y específicas, y que hoy alcanza una consagración mayor con la clasificación a la próxima cita planetaria
Ese mismo camino empieza a repetirse en otras disciplinas. El rugby, el balonmano y otros deportes, también han comenzado a inscribir su nombre en sus respectivas citas planetarias.
Aunque estamos lejos del llamado “primer mundo” deportivo, ese donde los recursos, las ligas profesionales y la infraestructura parecen infinitos, esta generación de grandes mujeres demuestra que con planificación, entrenamiento serio y continuidad en los proyectos, las brechas pueden acortarse.
Pero hay otra batalla que todavía está pendiente, la de la visibilidad y por la que he luchado por más de dieciocho años en esta tribuna y en otras. Con propiedad puedo decir -y a propósito del 8 M-, que la cobertura periodística para el deporte masculino y femenino es muy desigual y la cobertura del fútbol, la disciplina con más cobertura, para hombres y mujeres también es desigual. Hay un peso, hay una lucha y una puerta que ha costado abrir.
Por lo mismo, quisiera ver a los hinchas celebrar estos logros en las plazas y en las calles, con la misma intensidad con que celebramos un gol en las clasificatorias.
Quisiera ver banderas, caravanas y orgullo colectivo. Porque cuando una selección chilena se instala en un Mundial, no importa la disciplina, el país entero debería sentirse identificado y no solamente la familia de las jugadoras o los jugadores. Es hora de impulsar nuestra cultura deportiva.
Quisiera también algo que parece tan simple como urgente: que los partidos de esa justa mundialista se transmitan por la televisión estatal. Que puedan verlos los niños en sus casas, los abuelos en los barrios y las futuras jugadoras de hockey que hoy corren detrás de una pelota en una cancha de colegio.
Aquí hay un desafío para la nueva ministra -que, además, proviene del atletismo-, quien dice que el deporte tendrá prioridad en toda su dimensión. Bueno, una de sus primeras tareas sería reorientar la televisión pública hacia las transmisiones de eventos deportivos.
Hoy los medios y la sociedad tienen que mirar más allá de lo obvio porque aparecen historias como esta, donde un grupo de jugadoras que, con disciplina y convicción, llevó a Chile a un Mundial. Una gran victoria que no podemos pasar por alto.
José Antonio Lizana es escritor, diplomado en periodismo deportivo, fundador del Colectivo de Escritores Deportivos Independientes y autor de los libros Ceacheí, Rayando la cancha, Mojando la camiseta, Pisando la pelota y Pelota en las redes sociales. En 2009 el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile le otorgó el premio “Aporte a la Literatura Deportiva”.
Foto: Óscar Muñoz Badilla
