Desigualdad

El estallido social del pasado 18 de octubre puso sobre la mesa el tema de la desigualdad en el país, algo que vemos en diversas áreas de nuestra vida cotidiana. Pero, qué pasa en el deporte chileno?

Aunque no nos guste en el deporte nacional también tenemos desigualdad. Y no una. Varias. 

Partamos por el fútbol, el deporte más masivo de nuestro país. Desde el punto de vista informativo la desigualdad se expresa en la cobertura, por ejemplo. Es cosa de ver cómo los medios se enfocan en los tres equipos más grandes: Colo Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica, dejando al resto de equipos con menos espacio en los medios, al menos en los de Santiago. 

A esta desigualdad informativa en la máxima división de nuestro fútbol, se suma la que vemos entre divisiones. La Primera B y la Segunda División no tienen, ni por lejos, la misma cobertura que la Primera A, pasando prácticamente desapercibidas para la mayoría de las personas, salvo que vivas en la ciudad o comuna donde uno de esos equipos sea local.

Más desigualdad? Bueno, veamos lo que pasa con el “otro fútbol”. El fútbol femenino sigue a años luz del masculino y recién se está comenzando a profesionalizar mientras que el futsal, el fútbol playa y el fútbol paralímpico pasan casi inadvertidos para el grueso de la población.

La desigualdad deportiva en Chile también puede manifestarse en lo más o menos complicado para que una persona logre ser un deportista de élite. Quienes vienen de familias de deportistas ya tienen una buena base, que se hace más sólida cuando esa familia tiene, además, una buena posición económica.

Si bien el dinero por si solo no implica que una persona llegará a lo más alto del deporte, si va a tener más posibilidades de superar las dificultades que se puedan presentar en su carrera, como costear viajes o pagarle a un entrenador, por ejemplo. ¿Qué implica esto, además? Que muchos talentos se pierden por no tener los recursos necesarios para sacar adelante una carrera deportiva. Y el Estado Chileno no ayuda mucho en evitar esto.

También tenemos una desigualdad en lo que se refiere a la infraestructura. Sabemos que la mayor parte de los edificios construidos para el alto rendimiento nacional están en Santiago, lo cual implica que un atleta de regiones tenga que dejar su casa e irse a vivir a la capital, si es que quiere avanzar en el alto rendimiento. La centralización, lamentablemente, se ve fuerte en este ítem.

Con estos pocos ejemplos queda claro que en el deporte chileno tenemos desigualdad en muchas áreas. ¿Cambiará esto en el Chile del futuro? ¿Comenzaremos a ver mayor igualdad? Solo el tiempo lo dirá.

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Escrito por Daniel Arellano
Foto: Susana Hidalgo