Vender o no vender

En los últimos días ha estado en la palestra el tema de si el actual director de Chiledeportes, Gabriel Ruiz-Tagle debe o no desprenderse de sus acciones en Colo Colo. Un tema que no deja indiferente a nadie, creo, en el mundo del deporte. Mal que mal parece que ya no nos debe sorprender el tema de los conflictos de intereses (tan propios de este Gobierno en lo que lleva a cargo del país).

Gabriel Ruiz-Tagle, hasta hace poco tiempo, era un desconocido en el mundo del fútbol. Más bien ligado al ámbito empresarial, con un perfil más bien bajo pasó, en pocos meses, a la exposición pública a cargo del club popular, cargando el estigma de provenir de un mundo completamente distinto al del fútbol. En este cargo tuvo diferencias enormes con el timonel del fútbol nacional, Harold Mayne-Nicholls.

Hace unos pocos días la Contraloría General de la República emitió una resolución, a petición de investigación por parte del diputado Gabriel Ascencio, en la cual indica lo siguiente respecto a la situación de Ruiz-Tagle: “Al tenor del precepto indicado, considerando el ámbito de actuación del Director Nacional de Instituto Nacional de Deportes de Chile, definido por la ley número 19.712, y en la medida que el ejercicio de sus funciones y atribuciones incida en el quehacer de la sociedad anónima de la cual es accionista -ya sea directamente respecto de ella, de las demás entidades con las que se relaciona o pueda relacionarse la Sociedad Blanco y Negro S.A., o en la misma actividad deportiva en que ellas participan-, corresponde concluir que tal Director deberá abstenerse de intervenir en cualquiera de esos asuntos”. (Dictamen completo acá)

En palabras sencillas, Ruiz-Tagle no puede tomar ninguna decisión con respecto al ámbito del fútbol. Esto, según La Asociación Nacional de Funcionarios de Chiledeportes (Anfuchid) no es menor ya que esta inhabilitación, según los trabajadores, llevaría a que “el señor Ruiz-Tagle no podrí­a ejercer la supervigilancia que le exige la ley respecto de ninguna organización deportiva ligada al fútbol. Tampoco fiscalizar sus recursos, intervenir en los proyectos de donaciones o Fondeportes, decidir con su voto en el Consejo Nacional de Deportes, ejercer la administración de los recintos deportivos donde se practique fútbol, vigilar las actuaciones de las Federaciones relacionado con el fútbol; administrar la infraestructura deportiva relacionada, directa o indirectamente con el fútbol, aprobar los subsidios y concesiones de ese deporte y, en general, de ejercer las funciones contenidas en el artí­culo 12 de la ley de deporte” (latercera.com).

En mi opinión creo que este conflicto de intereses es realmente grave desde el punto de vista ético. Creo que Ruiz-Tagle, para tener una gestión tranquila, sin problemas debe decidir si vende sus acciones en Colo Colo o sencillamente renuncia a Chiledeportes, pero tratar de quedar bien con Dios y con el Diablo no es algo que resulte y que muchos estén dispuestos a aceptar. Además, todos sabemos que si uno cumple funciones en dos áreas no siempre hace bien su trabajo, y el deporte chileno necesita dedicación absoluta, más ahora que el COCH ha realizado un trabajo interesante logrando generar el programa ADO y, quizás en mucho tiempo, hay un plan de desarrollo del deporte chileno, con todas las cosas buenas y malas que pueda tener.

Ahora bien, me llama la atención que un empresario, cuya única experiencia con el deporte sea formando parte de la directiva de Colo Colo, esté a cargo de Chiledeportes. Hubiera preferido a una persona con experiencia en administración en el área deportiva, ojalá ex-deportista, y que tenga una visión clara de como se debe desarrollar el deporte chileno en el corto, mediano y largo plazo. Jaime Pizarro, dentro de todos los límites que tuvo y si bien no limpió Chiledeportes, al menor realizó una buena gestión con una buena coordinación con el Comité Olímpico cosa que no he visto, hasta ahora, con Ruiz-Tagle.

Vender o no vender?. Si Ruiz-Tagle de verdad tiene ética y se la quiere jugar por el deporte chileno, debería vender.

Escrito por: Daniel Arellano